Román Corral Sandoval, Ciudad Juàrez, Chihuahua. Mèxico

Román, maestro rural jubilado, trabajó durante años en la sierra TARAHUMARA, se jubiló en el año 2000 y desde entonces enpezó la redacción de algunos libros y su publicación mediante un esfuerzo personal. Estos escritos describen la situación real de la miseria ancestral en que se hallan los indigenas TARAHUMARAS de CHIHUAHUA, a los que desde antaño se les ha despojado de su mejores tierras y bosques.

Sites internet: Poetas del mundo - Escritor de Batopilas - Club México - El Pueblo

Poemas - Rumbo a Batopilas: memorias de un maestro rural - Biografía

La Misión de Satevó e indigenans Tarahumaras

Breve biografía del escritor de Batopilas en el siglo XXI.

El Profesor Román Corral Sandoval, escritor y poeta, nació en la Ciudad de Chihuahua, el 29 de Agosto de 1951. Realizó su educación primaria en la Escuela Oficial “Juan Alanís” de la Colonia Dale y su educación secundaria en la Escuela Secundaria Federal Número. 1. “Profesor Guillermo Prado Prado” de 1964 a 1967. Estudió para maestro de educación primaria en la hoy Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado de Chihuahua “Profr. Luis Urías Belderráin”, de 1967 a 1970, año en que inició sus labores docentes en la Baja Sierra Tarahumara, en la pequeña comunidad de la Misión de Satevó, municipio de Batopilas, en la región de las barrancas del suroeste del estado de Chihuahua hasta 1972

  • De 1972 a 1977 laboró como maestro de grupo de escuelas primarias en las comunidades de Armera y El Molino, municipio de Namiquipa. En 1977 es adscrito a Ciudad Juárez, laborando con grupos escolares de escuelas, primarias, secundarias y preparatorias, jubilándose en el año 2000, al cumplir 30 años de servicio docente, haciéndose a acreedor a la Medalla “Rafael Ramírez Castañeda”.
  • Es egresado de la Escuela Normal Superior “José E. Medrano”, de la Ciudad de Chihuahua de los cursos de verano, Generación 1971-1976, titulándose como maestro de educación media en la especialidad de Geografía, obteniendo el mejor promedio de calificación de su generación.
  • Como periodista ha colaborado como articulista de temas sociológicos en la prensa juarense, así como en las revistas: 4o. Poder, Entorno de la UACJ, Semanario, Acueducto de la JMAS. En 1989 fue reportero de los periódicos Diario de Juárez y El Tiempo. Actualmente colabora con algunos periódicos digitales.

Presentación de sus obras publicadas

En enero de 2005, publicó su primer libro: “Rumbo a Batopilas. Memorias de un maestro rural” Este texto se presentó por primera vez en abril de 2005 en la Universidad Pedagógica Nacional, Campus Ciudad Juárez; el 29 de abril de 2005 en la Biblioteca Pública Municipal “Antonio Tolentino” de Ciudad Juárez; el lunes 16 de Enero de 2006 en la Quinta Gameros de la Ciudad de Chihuahua, en el marco del Centenario de la hoy Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado de Chihuahua “Profr. Luis Urías Belderráin”. Se presentó el 18 de Noviembre de 2008, ante alumnos de la Licenciatura en Educación del Instituto de Ciencias Sociales y Administración del Departamento de Humanidades de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.
En febrero de 2006 publicó su segundo libro: “Camino a Namiquipa. Apuntes sobre la escuela rural” Este texto se presentó el 15 de Mayo de 2006 en la Quinta Gameros de la Ciudad de Chihuahua; el 17 de Mayo de 2006 en la sala audiovisual de la Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado de Chihuahua “Profr. Luis Urías Belderráin”; el 29 de Octubre de 2006 en el Auditorio Municipal de Namiquipa, Chihuahua y en Ciudad Juárez el 10 de Noviembre de 2006, en el Auditorio Cívico Municipal “Benito Juárez”, organizado por el gobierno municipal de Juárez.
En 2007, publicó: “Un Viaje al Paraíso Chihuahuense”, (Barranca de Batopilas), texto con el que obtuvo una de cuatro menciones honoríficas otorgadas en el concurso literario Premio Nacional “Alejo Carpentier” de Autobiografía y Biografía para Obra Publicada en agosto de 2007, convocado por la Asociación Mexicana de Autobiografía y Biografía, la AMAB , de la Ciudad de México. En este concurso participaron más de 200 autores, algunos de Sudamérica. Este texto lo presentó en Batopilas el 13 de Septiembre de 2007, en el marco de la programación del III Festival Internacional Chihuahua y el 12 de Octubre de 2007 en la Casa de Cultura “Sebastián” en el Festival Internacional de la Ciudad de Chihuahua. Asimismo se presentó en la Librería Universitaria de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez el 29 de Noviembre de 2007.
En febrero de 2008, publicó: “Biografías de maestros chihuahuenses” Tomo I. “Maestros fundadores en 1958 de la escuela secundaria de El Molino, municipio de Namiquipa, Chihuahua”. Se redactaron los testimonios de José Ángel Aguirre Romero, Andrés Rentería Duarte, Amador Caballero Legarreta, Manuel Martínez Martínez, Melquíades Chávez Anguiano, etc. Este texto se presentó el seis de mayo de 2008 en Ciudad Cuauhtémoc, en el marco de la programación del Festival de las Tres Culturas y el 6 de Octubre de 2008 en la Escuela Secundaria Federal “México Insurgente”, de El Molino, municipio de Namiquipa, Chihuahua, con motivo del 50º. Aniversario de su fundación y motivo para la redacción de este texto sobre la historia de esta institución.
En abril de 2009, publicò: "Desde las entrañas del alma". Antologìa Poètica Magisterial..
En agosto de 2009 publicarà: "Los que se fueron de Valle de Olivos". Historia de una familia chihuahuense. Relatos de su infancia y adolescencia.

Antologías

Antologado en “Letras al Margen”. 2006. Publicación de la Sociedad de Escritores de Ciudad Juárez.
Antologado en “Huellas del tiempo”. Historias Vivenciales del Magisterio. 2007. Publicación de los Servicios Educativos del Estado de Chihuahua.
Antologado con la bella poesía: “ La Ternura de tu amor”. En la Antología Poética española: “Impresiones y Recuerdos”. Febrero de 2009. Centro de Estudios Poéticos. C/Pedro Texeira 10 MBE. 28020 Madrid.

Nombramientos reconocidos

El 25 de marzo de 2008 el Honorable Ayuntamiento de Batopilas, Chihuahua, lo nombró y reconoció como “El Escritor de Batopilas en el Siglo XXI”, por la difusión que ha hecho de la Barranca de Batopilas e nivel estatal, nacional e internacional, recibiendo felicitaciones del Gobernador del Estado, Lic. José Reyes Baeza Terrazas y del Presidente Municipal de Juárez, José Reyes Ferríz.
El 25 de junio de 2008, es nombrado Representante en el Estado de Chihuahua del Movimiento Poetas del Mundo, por el Secretario General Luis Arias Manzo, institución cultural con sede en Santiago de Chile.
Mención Honorífica en agosto de 2007, en el Premio Nacional “Alejo Carpentier” de Autobiografía y Biografía para Obra Publicada de la Asociación Mexicana de Autobiografía y Biografía de la Ciudad de México.
El Profesor Román Corral Sandoval es Miembro de la Sociedad de Escritores de Ciudad Juárez. A.C.; del Movimiento de Poetas del Mundo a partir del 17 de Mayo de 2008; del Grupo Escritores Nacidos en Chihuahua; de la REMES , Red Mundial de Escritores en Español y de la AMAB, Asociación Mexicana de Autobiografía y
Biografía.
El 6 de abril de 2009 el Honorable Ayuntamiento de Namiquipa, Chihuahua, lo nombró y reconoció como “El
Escritor de Namiquipa en el Siglo XXI”, por la difusión que ha hecho de la función social de la escuela rural
mexicana.
"Aunque leìa casi en tinieblas,
...Batopilas le dio luz a mi espìritu"
Román Corral Sandoval

Publicaciones:

1.- "Rumbo a Batopilas. Memorias de un maestro rural". Ediciones de 2005 y 2008.
2.- "Camino a Namiquipa. Apuntes sobre la escuela rural". 2006.
3.- "Un Viaje al Paraiso Chihuahuense". ( Barranca de Batopilas). 2008.
4.- "Biografìas de Maestros Chihuahuenses). Tomo I.
5.- "Desde las entrañas del alma". (Antologìa Poètica Magisterial).
6.- "Coyame: Oasis del desierto chihuahuense".
7.- "Los que se fueron de Valle de Olivos". Historia de una familia chihuahuense.

LOS MAESTROS RURALES.

¡El polvo de los caminos,
tan llenos de mil pesares,
nunca sofocan los sueños,
de los maestros rurales!

¡Caminos de verdes campos,
y flores multicolores,
iluminan pensamientos,
de los maestros rurales!

¡Caminos y más caminos,
de bellos atardeceres,
conducen ya los destinos,
de los maestros rurales!

¡Indígenas, campesinos,
libertades, redenciones,
esperanzas, anhelos,
de los maestros rurales!

¡La pobreza de los pueblos,
desigualdades sociales,
mantienen vivos los retos,
de los maestros rurales!

¡Las sonrisas de los niños,
y sus hermosos cantares,
alegran los tristes años,
de los maestros rurales!

¡El polvo de los caminos,
tan llenos de mil pesares,
nunca sofocan los sueños,
de los maestros rurales!

 

 

POEMA A BATOPILAS

¡Barranca de Batopilas,
paraíso chihuahuense,
tierra de tarahumaras,
una historia que estremece!

¡Mil novecientos setenta,
fecha que tengo presente,
arribé en avioneta,
conocí tu noble gente!

¡Paisaje de intenso verdor,
en tus altas serranías,
anidan amistad, amor,
como bellas melodías!

¡Pájaros multicolores,
concierto de bellos trinos,
fiesta de amaneceres,
música de los caminos!

¡Estos versos que compongo,
yendo por el camino real,
de inspiración yo dispongo,
pues soy maestro rural!

¡Papayas, pitahayas,
los verdes limoneros,
las bellas bugambilias,
estarán en mis recuerdos!

 

 

 

 

 

¡HERMANOS TARAHUMARAS!

¡Hermanos tarahumaras,
gigantes de las sierras,
de llanos y barrancas,
caminantes de las sendas,
de atajos y veredas!

¡Hermanos tarahumaras,
amos de tierras bravías,
danzantes de pascolas,
monótonas melodías,
en noches de lunas llenas,
corredores de lejanías,
de noblezas, valentías!

¡Hermanos tarahumaras,
vencedores de hambrunas,
de males y epidemias,
sin futuro ni fortunas,
en distantes serranías,
desfallecen con las lunas!

¡Hermanos tarahumaras,
iluminen mis tinieblas,
con las fogatas y antorchas,
guiadas por sus almas buenas
los seguiré en veredas,
en caminos de las sierras,
de escarpadas geografías,
como en los lejanos días,
a la luz de las estrellas!

¡Hermanos tarahumaras,
de Urique o Batopilas,
de sierras o barrancas,
sus músicas de pascolas,
de ceremoniosas danzas,
estarán en mis memorias,
como viejas añoranzas,
al ritmo de sus plegarias,
de justicias, esperanzas!

LAS NOCHES DE BATOPILAS,CHIHUAHUA.
Por: Román Corral Sandoval, "El escritor de Batopilas en el Siglo XXI".

"Aunque en 1970 leía casi en tinieblas,
...Batopilas le dio luz a mi espíritu".

En Batopilas, en contra de mi voluntad, aprendí a valorar el silencio de las noches oscuras de esta región de profundas barrancas de la Baja Sierra Tarahumara, localizadas en el suroeste del estado de Chihuahua, al norte de la Repùblica Mexicana. Las reflexiones más importantes de mi vida se dieron bajo este contexto y mi formación como ser humano se moldeó un poco en estas circunstancias tan adversas; Batopilas me puso a prueba como ser humano: quiso saber de qué madera estaba hecho, y acepté el reto, porque al principio solamente era un mar de llanto, tristezas, depresiones, congojas y de lamentaciones. En los primeros meses de mi estancia en la Misión de Satevó como maestro rural, cuando recièn habìa cumplido los diecinueve años de edad, sufría porque me sentía solo y abandonado, pero después me di cuenta que uno mismo es su mejor compañía y por lo tanto no debe padecer ese sentimiento de abandono que fácilmente nos puede llevar a la tristeza y a la depresión. Me angustiaba que anocheciera, debido a que no me acostumbraba a estar casi en tinieblas, alumbrado solamente con una o dos velas, que se apagaban constantemente por el viento que entraba libremente por las ventanas de mi habitación. Durante el día, no me preocupaba por nada, ya que contaba con la compañía de mis pequeños alumnos de primero y segundo grado del turno matutino y con los de más edad en el turno vespertino, del tercero y cuarto grados. Sin embargo, a las 06:00 p.m., cuando la jornada escolar terminaba, me quedaba solo en la escuela ya que mis alumnos se retiraban a sus hogares y me embargaba pronto la soledad. El aula escolar se tornaba en un espacio desolado.

1.- MIS "CONVERSACIONES" NOCTURNAS.
En las noches demasiado oscuras de la Misión de Satevó no podía darme el lujo de llorar a grito abierto, ni mucho menos conversar conmigo mismo gesticulando palabra alguna o manifestando alguna queja o expresión de dolor. Todo lo que pasaba en mi interior, no tenía que salir de ahí, para no interrumpir el silencio sepulcral de las noches de tinieblas que desde tiempos inmemoriales se han adueñado de la región; los habitantes de estas comunidades de las barrancas lo saben y por eso prefieren entregarse al sueño profundo que acompañar a la oscuridad de estas noches, de boca de lobo que parecían interminables. En
Batopilas tuve contacto directo con la Naturaleza, pero sobre todo con mi conciencia; empecé a conocerme, tuve tiempo de sobra e innumerables y largas noches de tinieblas, de silencio sepulcral, peculiares de la comunidad de la Misión de Satevó, para platicar conmigo mismo como nunca lo había hecho. Estas conversaciones las realizaba cuando me cansaba de leer por las noches y que apagaba las velas con las que me alumbraba; era cuando mi habitación se tornaba más oscura que la noche misma: esas oscuras noches, que siempre me acompañaron junto con mis pensamientos, me hicieron reflexionar y madurar un poco como ser humano. En ocasiones, bajo el silencio absoluto meditaba sentado en la orilla de mi cama improvisada de mesa-bancos y antes de disponerme a dormir, concluía que, en efecto, me encontraba en un lugar de extremada belleza natural, pero al mismo tiempo lo era de una brutal marginación social.
En esos momentos, los cien moradores de la Misión de Satevó dormían profunda y plácidamente en sus petates tendidos en el piso de tierra de sus humildes viviendas arrullados por el sonido ocasional de los cencerros de las cabras que movían sus cabezas al estar rumiando echadas sin preocupación en los corrales aledaños a las moradas del caserío: el sueño profundo y relajado de los moradores de esta comunidad se debía al sonido permanente de la corriente del Río Batopilas, que actúa como sedante natural.

2.- LAS NOCHES DE LUNA LLENA.
Durante mi estancia en la Misión de Satevó observé y registré las puestas, salidas del sol y las fases lunares; cuando me cansaba de leer por las noches a la luz de las velas, me asomaba por una de las pequeñas ventanas de la Casa del Maestro para descansar un poco de la oscuridad de boca de lobo de mi habitación y para sentir la compañía al menos de los astros dados mis permanentes sentimientos de soledad que ya formaban parte de mi resignado ser, maltrecho anímicamente; Batopilas es una barranca y me resultaba interesante el observar el cielo estrellado y de Luna Llena que alumbra a la vegetación exuberante de la región y a la corriente permanente del Río Batopilas, que por ser cristalina se transforma en un gran espejo, donde se reflejan la luz lunar y se dibujan las estrellas con sus mejores destellos, como si estuvieran en permanente competencia.

3.- LOS CAMINANTES NOCTURNOS.
A veces, estaba tan metido en mis propios pensamientos que dejaba de escuchar los sonidos de los cencerros de las cabras y los ladridos de los canes de las humildes viviendas cercanas a la escuela, como la del comisario de policía Dolores Gil Hermosillo, que estaba del otro lado del “camino real”; la de Guillermo Gil, que se localizaba por el lado occidental del aula escolar o las de Ángel Fierro y de Francisco Soto Fierro, ubicadas al norte del plantel escolar. Mis reflexiones o pensamientos profundos solamente podrían ser interrumpidos por los ladridos de los perros que detectaran a algún caminante nocturno, que transitara por el pedregoso “camino real”; en medio de la oscuridad me asomaba por la ventana oriental de mi cuarto de la Casa del Maestro distante a 5.50 metros de esta vereda para apreciar, si el caminante en cuestión traía una tea o antorcha o alguna lámpara de mano con la que alumbrara sus pasos; realizaba esta acción debido a que, en las noches sin Luna Llena, tenía necesidad de ver luces, aunque no fueran mías; cuando el caminante pasaba frente a mi ventana, a veces una parte de su luz se metía momentáneamente dentro de mi oscura habitación; esa porción de luz me hacía compañía por escasos segundos y luego se alejaba. Mientras, seguía pegado a mi pequeña ventana mirando hacia el exterior y dejaba de mirar esta fuente de luz hasta que se perdía entre la maleza si el caminante iba hacia el norte, o entre los mezquitales si lo hacía en dirección hacia al sur, donde se halla a doscientos metros de distancia el enorme templo construido con ladrillos rojos; al mismo tiempo, los perros paulatinamente dejaban de ladrar y el silencio absoluto se volvía a adueñar de la noche, pero también de mis temores y de mis sentimientos de abandono y soledad.

4.- MIS PENSAMIENTOS ANTES DE DORMIR.
Al acostarme recordaba con algo de melancolía y un poco de llanto en silencio a mis padres y hermanos, que los había dejado en la Ciudad de Chihuahua para venirme a laborar a la Barranca de Batopilas como maestro rural: pensaba en mi hermanito menor de seis años de edad, llamado Jesús Alfredo, quien nació el primero de diciembre de 1963, al que por cariño le decíamos Chacho, que no dejaba de llorar y me abrazaba fuertemente una de mis piernas para no dejarme ir a abordar el autovía en la estación del Ferrocarril Chihuahua al Pacífico, en la mañana del jueves 17 de septiembre de 1970, que me llevaría a Estación Creel; mi madre finalmente logró tomarlo en los brazos para consolarlo y así logré salir de la casa para iniciar el viaje rumbo a Batopilas. La estación del ferrocarril se localizaba a unas cuantas cuadras de mi casa que eran dos cuartos de adobe con techo de terrado construidos por mi abuelo materno en 1953, llamado Ramón Sandoval Castro, (1898-1958), de la calle 28ª. número 4612-A en la Colonia Dale de la Ciudad de Chihuahua; durante el trayecto, el cual recorrí caminando, no recuerdo quien me ayudó con el equipaje, me embargó la tristeza y mi rostro permaneció húmedo y frío por las lágrimas derramadas, pues presentía que jamás iba a estar al lado de mis seres queridos, con la regularidad deseada: tal vez mi madre lloraría después de mi partida, pero se abstuvo de hacerlo en mi presencia para no hacer el momento de la despedida más triste: ese día mi destino cambió drásticamente.

5.- SÁBADO 14 DE NOVIEMBRE DE 1970.
La Barranca de Batopilas le dio serenidad a mi alma y claridad a mis pensamientos, los cuales espero que no se apaguen pronto, como constantemente lo hacían mis velas. La oscuridad: mi compañera inseparable. El viento apagaba tantas veces las velas con las que me alumbraba por las noches en la Casa del Maestro que gastaba muchos cerillos tratando de volver a encenderlas: me fastidiaba de tantos intentos que optaba por quedarme en tinieblas, oyendo la radio, meditando o simplemente me dormía. No deseaba que se me agotaran los cerillos porque en estas circunstancias eran oro molido, me podían servir para una emergencia debido a que por el techo, paredes y piso de mi habitación se observaban frecuentemente algunos bichos; en contra de mi voluntad prácticamente hice de la oscuridad mi compañera inseparable la que, por cierto, me acompañará por toda la eternidad, pero de momento en 1970 no deseaba su presencia porque hacía más difícil mi estancia en los primeros días de labor docente en la Misión de Satevó.

6.- MI PRIMERA LÁMPARA DE PETRÓLEO O QUINQUÉ.
Estaba cansado de alumbrarme con velas pero casi dejaba de hacerlo el sábado 14 de noviembre de 1970, cuando tuve una lámpara de petróleo o quinqué, esos de bombilla o tubo de cristal con depósito de vidrio para el combustible y mecha que se localizan en todas las comunidades rurales del estado de Chihuahua carentes del servicio de energía eléctrica en pleno SIGLO XX; brincaba de gusto porque al fin dejaría de alumbrarme con velas y cerillos: no tenía ni veinte centavos en las bolsas de mi pantalón; recibí de mi madre una pequeña caja que recogí en la oficina del Correo en Batopilas: contenía un quinqué pero la bombilla llegó quebrada por las difíciles condiciones en que era transportada la correspondencia a lomo de mula por el “camino real” desde el Mineral de La Bufa al poblado de Batopilas: frutas, panes y quesos que de vez en cuando me enviaba mi madre llegaban descompuestos. Me deprimí porque se me frustró el tener iluminación; se me rodaron las lágrimas; dormí esa noche casi completa ya que la tristeza, el cansancio de la caminata del ir y venir a Batopilas el mismo día lograron menguar mi voluntad, estado de ánimo y pocas energías. En contra de mi voluntad, me tendría que seguir acostumbrando a las noches casi en tinieblas: extrañaba las luces de mi ciudad. A pesar de mis estados de ánimo tan cambiantes, tenía deseos de hacer algo más por mis alumnos y en general por los humildes moradores de la Misión de Satevó de quienes aprendí su
filosofía, o sea la forma de ver la vida y de ser felices a pesar de las carencias o las circunstancias de existencia. Los seres humanos no debemos fincar nuestra paz interior en la posesión de bienes materiales sino en el conocimiento de sí mismos. Pero en la vida no todo es tristeza, en ese paquete mi madre enviaba una carta de mi hermanito Jesús Alfredo, el cual cumpliría el primero de diciembre de 1970 siete años de edad y un cuaderno que había escrito en el primer grado que cursaba ese ciclo escolar 1970-1971 en la escuela primaria “Juan Alanís” de la Colonia Dale de la Ciudad de Chihuahua, donde en 1964 terminé mi educación primaria: eran las primeras letras y cuadernos de mi pequeño hermano; en los pocos renglones de su carta me decía que me quería ver y saber dónde me encontraba.

7.- ¡ESPERABA CON ANSIAS LA LUNA LLENA!
Como dije, no quería desperdiciar algún cerillo para tener momentáneamente algo de luz ya que no contaba con dinero para comprarlos; estaba recién contratado como maestro de primaria por la Secretaría de Educación Pública y los trámites para el pago de los primeros salarios tardaban meses porque se realizaban en la Ciudad de México. Había noches que no dormía pero seguía acostado en mi cama para seguir con la vista la ruta luminosa de la Luna Llena que me regalaba sus rayos los cuales penetraban por algunos agujeros de mi techo, me servían de compañía, daban vida a mi maltrecho estado de ánimo y a mi oscura habitación; por momentos imaginaba que esa radiante e intensa luz de la Luna Llena era parecida a la que ilumina el lugar a donde van a descansar por toda la eternidad las almas de las personas buenas que han iniciado el viaje sin retorno, como mi hermanito Alfredo, quien falleció a los cuatro años de edad el 24 de abril de 1952 cuando yo tenía ocho meses de nacido y mi abuelo materno Ramón Sandoval Castro, nacido en Valle de Olivos en 1898 quien falleció el primero de junio de 1958, siendo sepultados en el Panteón Municipal No. 1, de la Colonia Dale de la Ciudad de Chihuahua. Por otra parte, lo que deseaba era que no lloviera debido a que mi cuarto se goteaba demasiado mojando mis escasas pertenencias, como mi ropa, libros y cobijas; durante varios días mi habitación olía demasiado a humedad y empezaban a invadirme varias especies de insectos, como cucarachas, además de alacranes, enormes tarántulas negras e insectos voladores. Por tal motivo, optaba por dormir vestido, hasta con los tenis puestos, con mi chamarra de capuchón y tapado con la cobija hasta la cabeza, aunque fuera tiempo de calor, debido a que tenía temor de no amanecer vivo por haber sido picado por alguna alimaña ponzoñosa. Por cierto establezco que en la Misión de Satevó nunca me picó o mordió ningún animal: estas especies de bichos también invadían al aula escolar pero mis alumnos ya sabían este problema por lo que, antes de empezar las clases mataban cualquier insecto dañino escondido debajo de los mesa-bancos o presentes
en el piso o paredes...