Sola
Siete
margaritas cortadas en una pradera ocupada, reflejan el estado en que
me encuentro... sola.
Un
espacio acumulado de sueños se desmoronan, palabras dibujan rostros guerreros,
es hora que vuelen águilas al cielo.
Aquí
trenzaré sola, en petroglifos nublados de tu alma, el telar.
Jacqueline
Lagos. - El último eco...
Imagen: Conadi

El último eco...
Por: Jackeline Lagos
La decisión, la dejó a la intemperie, a la
absoluta incertidumbre, a vaivenes fluyendo lívida.
No tiene riendas en la mano, lucha entre valles, cimas, sin salvavidas,
en un océano de tempestades, una lección que aprende escribiendo
en un madero de naufragio, nada insólito, nada claro, qué
viene...
La esquina de la urbe, intensa, gran tráfico, siente olores y colores
de semáforos.
Ofrece su mano, los transeúntes siguen distendidos en rascacielos
amarillos.
A tientas, percibe velocidades recauchadas, el puerto de ella, discapacitado.
Lejos, el rugido de turbinas, barcos, del amor que vuela lejos, ella,
en la esquina del naufragio...
Mares estelares parecen decir que esta olvidada, adivina la palma de su
mano, junta sus yemas, concediendo una simbiosis a la espera..., descubre
velos de los que están ausentes, le habla a sus espaldas, y sobre
lanas crudas, huele que es invierno.
¡No olvides que soy ciega! dice al viento,
¡ Quiero llegar pronto a la otra orilla, permíteme aterrizar
en el destino alerta, en las precavidas intenciones de las razones...
quiero cruzar de nuevo Amor,!
¡Quiero cruzar de nuevo Amor!
Se repite un alma de mujer hambrienta, sin ganas, maltrecha de egoísmos,
una hembra ovillada que parió desértica...
Avenidas carcomidas de cemento, le excusan palabras en gentíos
que no siente.
Llega la noche y los mares circundan sus piernas rotas, la ceguera parece
hundirse erguida en calles idiotizadas, democráticamente empapeladas
de "no sé... no sé".
A tientas sigue buscando, escuchando la sirena del barco, palabras viejas
que consumen el fondo de sus llantos...
¡Estoy ciega! Dice temblorosa.
Cae Luna Llena, se sienta en medio de la lluvia... ¿hay alguien
ahí?
Es el ultimo eco dejado.
Hundida, en cuclillas, alguien escuchó decir: "Dediqué
mi vida entera a vivir soñando..."
El verde del semáforo anuncia las horas que lleva muerta, en la
esquina distante, todos siguen caminando, con prudencia, nadie sabe de
las pupilas anegadas y furibundas creencias de quien no quiso la guerra...
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