Las Mujeres del río...

... en el mar ARENOTECH

Río Palena-Chile
Espera en la nebulosa a un Guerrero diga qué presiente, mientras el alma no quiere egolatrías, ella se pierde entre túneles de palabras indecibles, excitables.

No hablar es alejarse, una paranoia necesaria, cruzar la línea de nuevo, relaja la percepción, nadie quiere extinguirte- le dicen. Nada de eso, eres Tierra sagrada, no esperes ropas especiales, solo así, con toda tú, con toda ella, él, tú, como cuando el río entra en el aroma del deshielo, o  cuando corre fresco en las narices de la heredad, en las fuentes del poder...

En pudorosa seda se convierte, mientras arde bajo su huella, el húmedo temblor que acompaña al cielo mientras se besan, cuando bajan al profundo magma.

Un abrazo se funde en vaivenes ciegos, ella, Romancera de los lagos, masajean los tambores de sus pechos, mientras  un no sé qué cansado apresan pieles rasgadas, dibujando un calor mustio en manos de  medio día.

La seda rayada arquea las espaldas y lleva a pensar cuantas somos las del río, con esos peces sorprendidos, cálidos por dentro, grises por fuera.

No te distraigas Guerrero con estas letras- dice.

La belleza esta en que podamos seguir presentes, en acuerdos, en raudales suspirados, en laberintos  de lluvia.

Ya no quedan ganas en las mujeres del río, ya están lejanas las palabras, ansiosas van entre los narcisos,  las hembras  van muriendo, el temporal ha roto la prudencia, ávidas y desoladas,  la sabiduría de las  indias que fluyen con la Luna, ya no bajaran al río. Jacqueline Lagos.