Para leer "Las confesiones de Don Quijote"

"El laberinto me parece demasiado simple para representar la complejidad, porque ya está trazado, porque pienso que el camino se hace caminando (1). El laberinto representa el problema de manera demasiado espacial, demasiado topológico. La idea de desviaciones, de repliegues sin cesar necesarios se aplica al conocimiento, pero ésta es insuficiente"
Edgar Morin, "Les paradoxes de la complexité", 1983

(1) "Caminante no hay camino, se hace camino al andar", Machado

Don Quichote


Don Quijote

Introducción

Comenzaremos este trabajo por la descripción que de Don Quijote nos esquisa Cervantes. Nos dice que es hijo de sus obras, su linaje, su nobleza enpieza por él propio Don Quijote, tiene cuarenta años, casi cincuenta, amigo de la caza y de la pesca, hijo de la bondad, de temperamento colérico, pobre y ocioso, contemplativo . El ocio y un amor desgracido le condujeron a la lectura de libros de caballería y de poco dormir y mucho leer, el cerebro se le desecó, de tal manera que perdió el juicio.

No obstante, no pienso que Don Quijote estuviera tan loco como nos lo pintan, pues, en diferentes ocasiones, nos sorprende por su lucidez. Así, en el capítulo quince, cuando lucha con los mercaderes junto a su escudero, solo contra todos, y viéndose a tierra, dijo, bajo los golpes, a Sancho:


Vinieron los saracenos

y nos molieron a palos

que Dios ayuda a los malos

cuando son más que los buenos.

En otra ocasión Don Quijote dice a Sancho que el hombre que era no podía, a pesar de su condición de caballero, vivir sin comer ni sin satisfacer todas las necesidades del género humano.
En un primer tiempo, podiamos decir que Don Quijote es y representa, el espiritu del ser, Sancho la carne. Sin embargo, ello no parece evidente, pues, a veces, Sancho se transforma en Don Quijote y nos encontramos con los papeles intercambiados en varias ocasiones.

Difícil es hablar con Sanchos, nacidos, educados en los lugares donde sólo se oyen cuentos, historias o lecciones magistrales, predicaciones o vanalidades. Os dirán que comprenden mal, o interpretarán al revés, se traducirán en vuestro propio discurso porque no escucharán en silencio interior, ni con una atención virgen. Por mucho que os esforcéis, no se aplicarán en agudizar sus sentidos : no están acostumbrados a escuchar la silenciosa música de las voces de los campos y las montañas.
Las gentes no vienen para escuchar, sino para entender algo ya dicho, aprendido y no para oir lo que vayais a decir. Así pues, hablar sólo a los simples, sin tratar de poneros a su alcance, pues estad seguros, que incluso si os elevaís, se elevarán con vosotros y os comprenderán.

En cierta ocasión, un amigo que rechazaba salir de su país, se vió obligado a conducirme a la frontera francesa. Un aduanero francés, hablando un perfecto español, se dirigió hacia él. Asustado, delante de un extrajero que debía hablar otra lengua que la suya, se dirigió hacia mi para que le tradujera lo que el aduanero le había preguntado. Mi amigo no nos escuchaba...
Tranquilamente, le dije que el aduanero le estaba hablando en español, tres veces el aduanero le hizo la misma pregunta en español, tres veces le expliqué a mi amigo que estaban dirigiéndose a él en un perfecto español. Por fin, ante el rechazo de la comprensión del discurso del otro, tuve que traducir del español al español para mi amigo.
No discutais, pues, con los que no lleven las luces del sentido o que no reciban el reflejo de la luz.

Don Quijote necesitaba a Sancho para hablar, pensar en alta voz, para escucharse a él mismo y para entender el vivo rechazo de su voz en el mundo. Sancho fue su coro antiguo, la humanidad entera para él, y en él amaba toda la humanidad.

Don Quijote : la escritura errante

Un animal es icapaz de mentir, de decir lo que el instinto no hace, de ir más allá de la satisfación. La passión, el amor del amor, es el impulso que va más alla del instinto y que, por lo tanto, miente al instinto.
Cuando sabemos ésto, tratamos de desembarazarnos del entusiamo y de la tristeza metafísica, del ritmo íntimo que nos habita, y de hacer abstración, porque la dialéctica de la pasión nos impide vivir en paz y disfrutar de la felicidad.
Es así como Don Quijote se lanza en pos de..., hacia une "búsqueda", reto perdido de antemano, porque intenta hacer callar al instinto, el amor de Dulcinea (amor natural) y su impotencia a declararlo.

Mostraremos pues aquí una imagen de don Quijote, lo más alejada posible de la dialéctica de la pasión,…    pero, el drama se encuentra en nuestro interior, entre las leyes inceptables de la vida terrestre y finita, y el deseo de una transgresión de nuestros límites, mortales pero divinizadores. Entre los dos, instalamos las palabras (el discurso) que esconden nuestra impotencia frente a las contradicciones existentes en nuestro fuero interno y al exterior.

En realidad, Don Quijote sólo sería grotesco porque quiere seguir una vía que la desgracia de los tiempos hace totalmente inpracticable. El es contradicción, porque Don Quijote, es dialéctica y el análisis de su discurso (porque en realidad no hace más que hablar) ha dado como resultado teorías bien diferentes y contradictorias. Cada uno traducirá en este personaje su propia búsqueda, su propia experiencia, haremos como él, dialogar en vez de sobrepasar las contradicciones que nos carcomen desde el interior de nuestro deseos, influencias que soportamos o contradicciones en las que vivimos, para encontrar el punto a partir del cual podrán ser domadas.

Pero la coherencia del diálogo es el resultado de la búsqueda : ésta define las unidades terminales que ponen punto final a nuestro análisis. Nos vemos obligados a suponerla para reconstituirla y no estaremos seguros de haberla encontrado hasta que no la hayamos perseguido el tiempo necesario y ella aparece como el número más importante de contradiciones resueltas por los medios, métodos, más sencillos.

Las coherencias que aparecen en el discurso de Don Quijote pueden conducirnos a establecer las coherencias incluso a su nivel en tanto que individuo (su bibliografía, o las circustancias singulares de su discurso). Pero podemos igualmente establecerlas y darles dimensiones colectivas y diacrónicas de una época, de una forma general de la conciencia, de un conjunto de tradiciones. Cervantes puso las dos en evidencia, podemos pues realizar dos tipologias de análisis.
De todos modos, que elijamos una u otra, la coherencia que encontraremos de esta manera, desenpeñará el mismo papel : mostrar que sus contradicciones inmediatamente visibles son sólo un reflejo, un espejéo de superficie y que será necesario volver a llevar a un foco (centro, hogar) único este juego de fragmentos (destellos) dispersos.
Es para traducir la contradición, y al mismo tiempo sobrepasarla, que nos lanzamos a hablar, a dialogar. Es para huir de ella, cuando renace sin cesar a traves del discurso indefinidamente, que Don
Quijote y Cervantes se ponen a hablar.

El texto Don Quijote, no será pues un texto ideal, continuo et sans asperezas, es más bien un espacio de diseminaciones multiples, un conjunto de oposiciones diferentes, como el mismo Don Quijote.

¿Quién es Don Quijote? : no es el hombre extravagante sino más bien el peregrino meticuloso que realiza etapas ante las marcas de la similitud sin conseguir alejarse de su llanura o espacio familiar que se extiende alrededor, recorriéndola sin franquear nunca las fronteras netas de la diferencia, ni incorporarse al corazón de su identidad. Don Quijote no sale nunca de su región y no se reune, no alcanza jamas la identidad de ésta. Don Quijote es la escritura errante en el mundo entre la similitud de las cosas. Sólo puede convertirse en caballero encuchando de lejos la epopeya secular que formula la ley (la ley de caballería). Es menos su existencia que su deber. Sin cesar, debe consultar su libro y su caballero (Amadis de Gaula), con el fin de saber qué hacer y mostrar que es de la misma naturaleza que el texto del que es consecuencia : la novela de caballerías. Pero nadie en el mundo se ha parecido nunca a este texto de la novela de caballerías.

Al parecerse a los textos de los que es testigo, Don Quijote debe demostrar que son verdaderos, a él le incumbe cumplir la promesa de los libros, él mismo debe completar de realidades los signos sin contenido de la naración. Su objetivo no es triunfar realmente sino trasformar la realidad en signo. Don Quijote dibuja lo negativo del mundo del Renacimiento: la escritura y las cosas ya no se parecen, no se acercan. Don Quijote vagabundéa por la aventura, y en la segunda parte del libro debe ser fiel a estos textos en los que se ha trasformado (Don Quijote se transforma en libro, en palabras, discurso), debe mantenerse en su verdad. Pero Don Quijote no ha leido su libro y su realidad la debe a la lengua, sin ella, Don Quijote no existiría. La verdad de Don Quijote se encuentra enter las palabras tejidas por él mismo, no en la relación palabra/mundo.
La ficción decepcionada , defraudada, frustada, desilusionada, engañada de las epopeyas se ha trasformado en poder representativo del lenguaje, las palabras se encarcelan, se encierran en la naturaleza de los signos.
Roland Barthes nos dice en lu libro "Mythologies":

"¿Quién es el loco Don Quijote? le fou est entendu non pas comme malade mais comme déviance constituée et entretenue, comme fonction culturelle indispensable. Ce qui reste de Don Quijote c'est le mythe parmi des gens qui ont peur du fou et qui le récupèrent pour l'institutionnaliser, le normaliser, l'analyser, le psychanalyser. Les gens restent étrangers à la folie par trop de rationalisme, de conformisme et peur du vide".

El loco y el poéta

Don Quijote ignora a sus amigos, reconnece a los extranjeros, cree desenmascarar pero impone una máscara, inventa todos los valores pero no los cambia, no los completa, no los vuelca, no los derriba, no los invierte. Es diferente, en la medida en que no conoce la diferencia, sólo ve por doquiera parecidos y signos de semenjanza.

Por el contrario, el poéta es el que por encima de las diferencias nombradas y cotidianamente previstas, encuentra los parentescos escondidos de las cosas y sus semejanzas dispersas. Bajo los signos establecidos, y a pesar de ellos, entiende otro discurso, más profundo, que recuerda el tiempo en el que las palabras centelleaban, titilleaban, brillaban en el parecido universal de las cosas.

El Quijote reúne todos los signos y los rellena de una semejanza que no cesa de proliferar. El poéta asegura la función inversa : bajo el juego de sus distincciones bien recortadas, se pone a la escucha de otro lenguaje, el de las palabras sin discurso. El poéta conduce a la similitud hacia los signos que la dicen (la cuentan). El loco carga todos los signos de un parecido que termina borrándolos.

La visión de la mujer en el Quijote

Así, de este modo Dulcinea es vista en Don Quijote no desde el punto de vista del poéta sino desde el parecer del hombre de su época (del loco o del cuerdo).

Se dirá de ella:

A todo ello reponde Don Quijote : "por lo que la quiero tanto vale como la más alta pricesa de la tierra"

En realidad, nos dice que sólo la quería para invocarla por los caminos (para dar escusa a su locura) bajo el nombre de Dulcinea, SU DAMA, la dama de las novelas de caballería a las que debía obligatoriamente,( independientemente de su propio parecer) parecerse. Ella sólo debe ser la dama obligada ofrecida al caballero errante y loco Don Quijote.

Poco importa, en verdad, porque ella no toma parte ni partido en este asunto para el cual no ha sido consultada. Su único poder consistirá en su impotencia, que transforma en grosero desprecio y cruel burla. Claro está, ésta es el vivo retrato del hombre que la dibuja: un hombre de su época con toda la misogínia de su tiempo. (Ver "La imagen de la mujer en la perfecta casada" de Fray Luis de León, en la rúbrica "Mujer y TIC" de este espacio).

¿Somo los humanos Don Quijote y Dulcinea? Miremos a nuestro alrededor : paseamos alrededor de nuestro ombrigo, de nuestros discursos, seguimos la misma ley que Don Quijote, la de los libros, la ley establecida; nos encerramos constantemente en la ley sin intentar sobrepasarla, sin ir más alla de nosotros mismos, sin aventajarla, sin superarla.

¿Nos convertimos en Don Quijotes por fatalidad o eleción, somos la escritura errando entre las palabras y las frases? ¿Ello nos toma toda nuestra vida o vamos por etapas en esta aventura?¿Somos la potencia impotente o la impotencia potente? ¿Somos víctimas propiciatorias, chivos espiatorios voluntarios o involutarios? ¿ Realizamos un viaje, y sólo un viaje, al interior de nosotros mismos como Don Quijote? ¿Somos Alicía en el País de Don Quijote. ¿Como él mismo somos una novela errante en un mundo real que se nos escapa, que nos sobrepasa, o somos nosotros los que escapamos a la realidad?

Don Quijote : libre, generoso, ingenúo, valiente

Par terminar nuestro trabajo vamos a trazar un bello retrato positivo de Don Quijote.
En efecto, es también, un ser que no tiene miedo del ridículo, es capaz de idéas personales, de pensar contra y al contrario de los demás; de vivir y morir, no por la verdad sino por lo que cree más justo y mejor. Es incapaz de hacer daño a los demás, salvo a él mismo
. Parece sonreir, burlarse sin maldad. No se aprovecha nunca de los demás, paga con su persona, de su propio esfuerzo.
Empléa su fuerza contra los fuertes, nunca contra los débiles.
Está solo porque es un hombre liberado, es más consciente que los demás, es una viva afirmación, un hombre de fidelidad, soledad, pobreza. Para él conquistar no significa poseer, al contrario, ello significa ir más allá, sobrepasarse sin cesar.
Se ríen de él, se burlan, pero no por mucho tiempo... no se le puede provocar con insolencia, no os dejará mofarse de él, porque temen su impetuosidad, su coraje, porque nunca se esconde y jamás se escapa.
Si soporta los golpes, también los da, lucha de pié juntillas.
Tiene la firme voluntad de dominar un evento, incluso un destino, de sacar esperanzas de una situación desesperada, de dar una cara, un nombre a lo informulado o informulable. Posée la voluntad de ser un reto al abismo sir recurrir al cielo.

En fin! : es un hombre libre, que ha debido amalgamar muchas contradicciones, muchas dilaceraciones, muchas lasitudes y hastios, revoluciones, pasiones, furias y arrebatos, rencores, amarguras... Pero es también un tranquilo mar expuesto a una repentina tempestad...

LauraGarcía Vitoria, 1984

A leer "Las confesiones de Don Quijote" de Luis Garcia Montero

Casi nadie me llama por mi nombre,
vulgar y cotidiano como la reveldía

Prefieren otorgarme
la nobleza ridícula que yo mismo elegí,
el título de un pobre caballero,
de una triste triste ilusión,
y me recuerdan hoy
por el delirio de mis noches,
alunado, valiente
en la cabalgadura de los sueños
al confundir gigantes y molinos.

No les resulta fácil
convivir con el nombre de las cosas.
...
"La intimidad de la serpiente"
Luis Garcia Montero. Tusquets. Barcelona, 2003