Laura Garcia Vitoria - 1996
Hoy en día, la reflexión sobre el futuro de la trasmisión de los saberes en el campo universitario debe tener en cuenta la reflexión de todos los que, originarios de disciplinas, a menudo muy diversas, trabajan en el campo de observación e investigación de las ciencias de la información y de la comunicación y actualmente han conseguido dotarse de soportes teóricos suficientemente seguros -sobretodo en el campo de la relación entre las diferentes disciplinas- para ser legitimizados por la comunidad científica. Punto de análisis posible, en efecto, sin visiones científicas cruzadas sobre los sistemas de información y de comunicación y sobretodo sobre sus prolongamientos técnicos, sobre sus condicionamientos políticos, económicos, industriales y culturales.Se sabe que más allá de la inter y la pluridisciplinareidad (en la historia de otros campos científicos ha sido fuente de muchos progresos) el campo de la ciencias de la información se constituyó primero ella misma como disciplina, como interface entre disciplinas, al lado de otras para poder existir. Analiza las NT de la Información y de la comunicación a través de mecanismos que han modificado el papel de actor (y de reactor) del individuo y que han construido los nuevos lugares de confrontación entre la sociedad, el individuo y los grupos sociales.
Pero esta disciplina, así reconocida, constituye un laboratorio de actividades científicas emergentes que sólo la visión interdisciplinaria, conjuntamente dirigida, permite vislumbrar: entre ellas figura en primer lugar la de la trasmisión de saberes, de sus nuevos territorios y de las necesarias confrontaciones que generan.
Únicamente a través de una indispensable interdisciplinareidad puede operarse esta reflexión y pueden ser analizadas las implicaciones curlturales de los nuevos medios de comunicación. No se trata, seguramente, de una nueva moda que se expandiría entre los investigadores a causa de la diversificación y la especialización desarrollada de las ciencias y las técnicas que las unen. Es conveniente construir puentes cada vez más numerosos entre las disciplinas, fecundarlas mútuamente, pero sobretodo, como escribe Basarab Nicolescu, “ trancender cada una de ellas ” (Basarab Nicolescu, “ una nueva visión científica, cultural y espiritual - La transdisciplinariedad ”, Passarelle, n°7, 1993). Edgar Morin señala por su parte como, a la división del trabajo científico heredado del siglo XIX, la transdisciplinareidad opone una visión extra-disciplinaria: “ no basta estar en el interior de una disciplina para conocer todos los problemas que se derivan de ella ” (Edgar Morin, “ Sur l’interdisciplinareité ” Rencontres transdisciplinaires, Boulletin interactif du Centre internacional de recherches et d’etudes transdisciplinaires (CIRET), n°2.
Se sabe, a la hora de las manifestaciones del IV centenario, cúanto se cuestiona el “ fraccionamiento ” que este mismo siglo XIX quiso sacar del segundo precepto del Método de Descartes: “ dividir cada una de las dificultades… en tantas otras parcelas como se pueda y se deba para mejor resolver ”
Un necesario ir más allá de lo disciplinario pero también de lo interdisciplinario implica claramente la distancia crítica de un más allá de la ciencia singular cuyo resultado es la aportación de una nueva visión que conduce a una renovación de los conocimientos. Esta necesidad de enfoques globalizantes se ha extendido ya a los diferentes campos disciplinarios: biología, neurofisiología, biofísica, matemáticas, economía: lugares científicos que han desarrollado un enfoque “ sistémico ” permitiéndoles “ una dimensión global ” de fenómenos. Las dimensiones informacionales y comunicacionales son, hoy en día, el centro de este proceso, inspirándose, por ejemplo de las prespectivas heurísticas extraidas por la cibernética o la sistémica
Es necesario recordar que tal enfoque no pone en tela de juicio la racionalidad tradicional de las antiguas disciplinas o las nuevas - que se trate de enseñanza de idiomas o de historia de arte-, con sus conceptos y sus métodos, sino que confiere, al contrario, toda su inmportancia a la “ producción de sentido ” que debe construir toda iniciativa didáctica. La verdadera transgresión disciplinaria se revela, al contrario, como un vector de vuelta a los orígenes y a los ideales fundadores de una disciplina.
Ese debe ser el horizonte de reflexión cuando se entablan los debates sobre la universidad, a la hora de los soportes multimedia y de las mutuaciones culturales que turban nuestros universos conceptuales.
Como poder ser tomado en serio sobre este terreno sin haber tenido en cuenta las reflexiones de Abraham Moles en su Sociodinámica de la cultura (1967) y su Teoría estructural de la comunicación y sociedad (1986), donde mostraba las imbricaciones de los lazos entre los individuos y el sistema social construido con las nuevas tecnologías de la comunicación, así como la importancia de los “ vacios ” disciplinarios.
Pensemos así mismo en los escritos recientes de René Berger, pero también en las formulaciones de Robert Escarpit, a través sobretodo de sus préstamos al concepto de nexialismo de Alfred E. Van Vogt, que para este último tendría como objeto “ unir de una manera ordenada el saber de un campo del conocimiento al de otros campos ” y proporcionar “ técnicas para acelerar la absorción del saber y para dar más eficacia a la utilización de lo que se ha adquirido ” (La faune de l’espace. 1959).
Una realización que es, hoy en día, todavía más urgente poner en práctica en el contexto de la reducción o la abolición del espacio y del tiempo que resulta del desarrollo más reciente de la comunicación electrónica.
Esta nueva dimensión no pone en tela de juicio la discipina en cuestión sino que la encamina hacia una prespectiva de apertura que necesita la comunicación entre los saberes en la más pura óptica “ nexialista ” y que adquiere todo su sentido en la “ carta de la transdisciplinareidad ” adoptada por numerosos universitarios el 7 de noviembre de 1994 con motivo del primer congreso para el desarrollo de la transdispiplinareidad en las ciencias que tuvo lugar en el convento de Arrabida (Portugal) bajo los auspicios de la UNESCO.
En las ciencias de la información, si se ha aprendido a dialogar entre las disciplinas “ históricas ”, no han sido sin embargo suficientemente integrados los enfoques globales y sistémicos que aparecen como verdaderas condiciones previas, en la medida donde la transdisciplinareidad supone una lectura sistémica de los fenómenos y procesos técnicos y sociales de la información y de la comunicación mediática. Y sobre todo cuando estos fenómenos a menudo complejos en sus causas y en sus consecuencias, revelan la construcción de un mundo donde lo natural, lo artificial y lo virtual se mezclan en la práctica de los intercambios y en las representaciones culturales.
Un universo mental donde el mundo de las redes o de la “ red de las redes ” (cada vez más eficaz merced a la generalización de la digitalización de los signos y su transporte, pero también en la medida en que tiende a simplificarse del lado del usuario para el cual se hace cada vez más de fácil acceso) teje una tela invisible alrededor del “ mundo real ” hasta tal punto que constituye una nueva situación que reorganiza lo cotidiano, no reforzando al mismo tiempo las relaciones entre los individuos.
Al reflexionar sobre las dimensiones educativas debemos constatar que los lazos del individuo con las estructuras sociales, sobretodo en su dimensión cultural, son a menudo causa de una ruptura con el pasado reciente, ruptura de la que se mide todavía mal las consecuencias.
Ante tales cambios que afectan de tal manera los sistemas de comunicación (y también las relaciones entre estos sistemas), el recurso por parte de nuestras disciplinas por ejemplo (en la medida en que los campos de la imágenes y del idioma se encuentran, evidentemente, entre los más concernidos) a todas las otras disciplinas de las ciencias sociales sigue siendo como nunca necesario si juzgamos según los trabajos de investigación existentes en múltiples campos: sicología, sicología social, sociología, socilogía de las organizaciones, gestión de recursos humanos, economía general, economía de bienes inmateriales, marketing, geopolítica de redes, estrategia…, y ello sin que el recurso a las ciencias duras sea indispensable.
Si se manifiesta aquí como indispensable el recurso a la ecología de las disciplinas evocadas por Morin, para “ tener en cuenta todo lo que es contextual e incluso las condiciones culturales y sociales, es decir, ver en que medio nacen, plantean problemas, se estancan, se metamorfosean ” (Edgar Morin, “ Sur l’interdisciplinarité, op.cit.).
Así pues, el sistema educativo, ante el desarrollo de las redes mediáticas, debe tender urgentemente hacia la ecología de los conocimientos, para permitir al futuro ciudadano de la sociedad de la comunicación poner en marcha su “ ecología personal ”. Una ecología de la comunicación consiste, así mismo, en unir los conocimientos pertinentes entre ellos y comprender la lógica de los actores en sus universos de dificultades. En consecuencia, debe desembarazarse de metodologías tradicionales para esta puesta en relación de los conocimientos.
La enseñanza debe permitir en primer lugar la búsqueda de los conocimientos en un océano de saber que no podría ser dominado de ninguna manera por el individuo o el ciudadano sin aprendizaje, como lo señala el llamamiento de Venecia lanzado en el coloquio “ Arte, Educación, Nuevas tecnologías ” que acabamos de organizar en Venecia en el Museo Correr (Venecia, 24 de abril de 1996)
El problema clave es pues el de la organización de la comunicación entre los ámbitos científicos, es decir de la metodología del diálogo entre las disciplinas, y así pues de la organización misma del conjunto de los conocimientos. No se evitarán a este nivel las visones prospectivas o la elección de valores, miradas y elecciones científicas que representan un desafío importante para los investigadores de cualquier horizonte, en la medida en que con la continuación del éxito en potencia de las tecnologías de la comunicación, estamos confrontados con umbrales de difusión de mensages, con sus valores y sus referencias, más allá de los cuales la coerencia de nuestras sociedades está en juego