Introducción

"La désobéissance à Dieu, c'est-à-dire au prête, à la loi, reçoit le nom de péché (...). Les péchés sont de véritables leviers de pouvoir."
Nietze, L'antéchriste.

Para este estudio, me he servido de la edición de la Perfecta casada, edita por la B.A.C., tomo primero, Madrid 1951, reedición de la versión de Francisco Portocarrero, publicada en 22 de abril de 1583.

El problema mayor que plantéa para el lector de hoy La Perfecta casada, no reside ni en sus tesis, ni en su contradicciones, normales en su tiempo, sino en las múltiples vaciedades mitificadoras que su lectura ha generado.

Lo que nos importa en este caso es saber qué dice Fray Luis y cómo su discurso encarna la visión tradicional de la dominación de la mujer dentro de una estructura social caracterizada toda ella por la explotación del individuo y el rechazo de los valores en pugna entonces, contra las estructuras feudales. Pero más importante todavía es entender que si los comentarios de su obra en nuestro tiempo prefieren pasar esta situación por alto, no es tanto culpa de Fray Luis como  de la ideología dominante en estos lectores y comentaristas. Ideología que tiene como base el patriarcado, la represión del cuerpo, el sexo y el placer. Esta  represión  es ejercida tanto sobre el hombre como la sobre mujer, de los que el poder se sirve, aunque con más fuerza en la mujer.[1]

Consecuentemente, no he deseado utilizar ningún estudio preliminar al respecto, mis conclusiones son el fruto de la reflexión sobre la lectura de la obra, sirviéndome para ello de fichas constituidas de antemano y clasificadas por temas. No obstante, he multiplicado las lecturas referente a la situación de la mujer  desde la Edad Media hasta nuestros días (ver el enlace sobre la  bibliografía adjunta).


[1] A partir de los  80 / 90 el discurso social dominante de los países occidentales toma un nuevo giro :
el cuerpo, el sexo de la mujer  son u tilizados como reclamo y arma de la ideología consumista a ultranza.