Casa Museo de Logroño, Rioja, España

LOS MUSEOS Y OTRAS INSTITUCIONES CULTURALES COMO ESPACIOS PARA LA REFLEXIÓN
                Doña ELENA MARTÍ CIRIQUIÁN

Ponencia presentada en el
"VII CONGRESO DE CULTURA EUROPEO" CELEBRADO EL 23-26 DE OCTUBRE EN PAMPLONA, ESPAÑA.
EN LA SECCIÓN INTERDISCIPLINAR:  LA FUNCIÓN DE LOS MUSEOS Y OTRAS INSTITUCIONES CULTURALES

Introducción

Existe un permanente debate que se desarrolla en las sociedades occidentales sobre la función que desempeña la cultura, que es un factor de estímulo de la creatividad, la expresión artística y el desarrollo de la identidad colectiva, es una variable de desarrollo social.

Hoy por hoy se entiende por todos los sectores de la sociedad que en cualquier población, sea cual sea su tamaño, ha de poseer alguna infraestructura cultural, aunque debemos de tener en cuenta que “un centro cultural no puede contemplarse únicamente como un contenedor de cultura, sino que es ante todo un ente emanador de cultura”.

El efecto de la globalización también llega a las instituciones culturales como los museos, las salas de exposiciones e instituciones expositivas, que están basadas en los mismos sistemas tradicionales cerrados y jerárquicos de nuestra sociedad, provocando una crisis que se refleja en la ruptura de sus principios, para ahora tener que abrirse y ser receptivo a los nuevos retos.

Además, todo indica que nuestra sociedad postmoderna se centra en el importante papel que toma la telemática y la informática,  en la posibilidad de la revolución tecnocrática para el cambio social, por ello muchos autores la denominan “Cibersociedad” o “Infosociedad”. En consecuencia, surge una nueva concepción del poder, que es inmaterial, que lucha por el control del conocimiento y de la información, al tiempo que su difusión y su distribución.

Redefinir el concepto de museo y de las instituciones culturales
Ante esta situación, surge la necesidad de redefinir el papel del museo y las instituciones culturales en la sociedad. Hasta ahora los museos se han concebido como santuarios de sus mejores colecciones, lugares de identidad, de orgullo nacional, y reflejo de los logros humanos del pasado, resultando ser el archivo del tiempo humano vivido.

En este sentido, debemos de recordar al escritor Ortega y Gasset  en su obra “La deshumanización del arte” donde comenta que “en el museo se conserva a base de barniz al cadáver de una evolución” y “no sería difícil resucitar al cadáver. Bastaría con colocar los cuadros en un cierto orden y resbalar velozmente la mirada sobre ellos- y, sino la mirada, la meditación”.

Ahora el concepto tradicional se rompe, para incentivar y promover el cuestionamiento de los problemas actuales y las perspectivas futuras, mediante foros para el diálogo, el encuentro, el pensamiento crítico, la reflexión y la educación de los hombres, para crear espacios abiertos de experiencia compartida y de representación de identidades.

Actualmente debe ser un reflejo de su tiempo, tratando conceptos como la globalización, el multiculturalismo, el final del etnocentrismo occidental, la entropía entre otros, creando una gran variedad de puntos de vista, más abierto y más plural. De este modo, plantear temas contemporáneos con el fin de “educar” a la audiencia, “educar” que no solo informar, que esta información llegue al espectador, tratando de desarrollar en él un proceso de evaluación, para que este sea la base que genere el cambio. En definitiva, ha de ser un vehículo de acercamiento de la cultura a la sociedad que no debe ser solamente grato sino además enriquecedor.

Por tanto, el museo tiene una doble responsabilidad, por un lado el de preservar la integridad del objeto como elemento de nuestro patrimonio, y por otro lado el de contribuir a la evolución de la sociedad, labor que debe realizarse a través de la investigación y de la misión educativa. Todo ello con una perspectiva de futuro, sin renunciar a lo mejor de su pasado, intentando caminar al compás del desarrollo de la sociedad.

Esta vez, ha de cuestionarse públicamente sobre el sentido y la función que toda institución cultural debe cumplir, de esta forma redefinir su verdadero rol, su identidad y su labor social, para así para conocer su evolución en el futuro. Para ello, cuestionarse si el museo es necesario, de qué tipo de museos hablamos, el mensaje que pretendemos trasmitir, en nombre de quién actuamos… En definitiva, se requiere una reflexión de carácter sociológico y un análisis interdisciplinar de todos los aspectos que hacen referencia al mundo de las instituciones culturales y cómo ha de presentarse ante la sociedad. 


Estos se enfrenta a las siguientes dificultades:

1. El público:
Se debe tener en cuenta la diferencia existente entre la generalidad de quienes no entienden temas específicos y entre una minoría que si los comprende. Por lo que existen unas barreras de comprensión.

Parece que todo apunta a que la contemplación y el goce de los bienes culturales ha dejado de ser propiedad de una elite social, pero sin embargo siguen siendo interés de una minoría. Por lo que podemos afirmar que existe una correlación entre el nivel de educación y la frecuencia de visita a las diversas instituciones culturales.

De esta forma, en la temática del museo se ha detener en cuenta las características de la población a la que va a ir dirigido, conocer el público, identificar y clasificar al tipo de audiencia al que acude a las exposiciones, pues no todos los diferentes grupos responden a parámetros idénticos.

La población ha de tener acceso a lo que se alberga en los centros culturales, llevando una línea de democratización cultural, donde haya un disfrute de los bienes culturales por toda la sociedad. Para conseguirlo se tiende a intentar que llegue al máximo de audiencia y a cuotas de popularidad, pero teneindo en consideración que no consiste en dirigirse indiscriminadamente a grandes masas, sino en atraer tanta gente  como sea posible hacia aquellas cosas en las que el museo, dentro de su propia identidad, quiere estar presente.

Por todo ello, no debemos desestimar al mercado como un buen indicador de calidad por una parte, para poder evaluar la afluencia masiva de público, que es en muchos casos consecuencia de una buena campaña publicitaria o de los medios de comunicación de gran alcance y por otra parte, para analizar la calidad de la experiencia de conocimiento que el espectador ha vivido, qué es lo que le ha aportado, que cosas nuevas ha descubierto… De esta manera, pueda ayudar a las instituciones culturales para la evaluación y reflexión en la mejora de la relación que se establezca con el espectador.

2. La competencia de otras actividades de la cultura del ocio.
Actualmente hay que destacar la industria del tiempo libre como un sector con gran rentabilidad, debido al aumento de la esperanza de vida y la reducción de la franja horaria laboral. En estas circunstancias todo indica que, las instituciones culturales han de competir con otros mercados que ofrecen múltiples actividades lúdicas y recreativas, por lo que deben adaptarse a las nuevas tendencias culturales que surgen en nuestra sociedad.

3. Falta de difusión
Las instituciones culturales deben hacerse conocer, para que sean más accesibles y comprensibles en todo ámbito, mediante soportes en los que la audiencia esta acostumbrada, son las técnicas de representación que vienen de medios como la publicidad, la televisión y sobre todo del ordenador.

Lo cierto es que ahora, por encima de la experiencia física directa  y material, se encuentra un mundo virtual, un espacio sin dimensiones, ni tiempo, ni autoridad central; un microcosmos digital, donde se sitúa al frente Internet como herramienta que aglutina la totalidad de la información y la posibilidad de comunicarse, fácilmente accesible a cualquier persona. Esto es la consolidación del mercado global y la cultura planetaria, lo que hace cambiar todo tipo de referencia, diferente a  nuestras sociedades.

Así, mediante una página “web” tener la posibilidad de recorrer virtualmente el continente y lo contenido: entrar en el edificio y en las salas, ver las exposiciones de ese momento y las anteriores expuestas, consultar obras, catálogos, base de datos de autores, críticas… como si de un videojuego se tratara, donde el espectador participa de forma activa, teniendo el control mediante su ratón para dirigirse a donde quiera.

Además, para superar esa sensación de soledad que se produce en un mundo inmaterial y virtual se podría utilizar una “webcam”, de esta forma crear visitas interactivas con una guía humana a tiempo real, participar en foros de debate, videoconferencias… de esta manera se unirían dos espacios en uno.

4. La falta de claridad en los objetivos a exponer.
Se debe realizar una selección, en base a la prioridad de los objetivos establecidos, lo que va a ser expuesto basándose en unos criterios coherentes, como la temática, el autor, el soporte... todo ello genera una unidad en la obra que ayudará a su comprensión y su disfrute.

5. La carencia de actividades paralelamente a las exposiciones.
También deben fomentarse las actividades paralelas a las exposiciones, como son: visitas guiadas, talleres-laboratorio, conferencias, cursos, concursos, representaciones teatrales, fiestas-encuentro, proyecciones cinematográficas, publicaciones, prestamo bibliotecario,  servicio permanente en la red, convenios con otras instituciones... además de incentivar la participación de la gente a través de “asociaciones de amigos” que colaboren estrechamente con estos mediante el voluntariado.

Por todo ello, debemos ser sensibles a los cambios que se producen en el mundo de la enseñanza, el arte, la ciencia, la tecnología... en definitiva de la sociedad misma, lo que se traduce en la revisión y la evaluación constantes del trabajo de las instituciones culturales.

6. El coste de las infraestructuras.
Es indudable la necesidad que se tiene por una parte, de una buena financiación e inversión económica a través del sector público y privado, y por otra parte, la creación de planes estratégicos, con cierta mentalidad empresarial y de clasificación de objetivos.

De esta manera, no debemos de olvidar la idea de la cultura como un elemento más de comercio que se compra o se vende, pero teniendo en cuenta la dimensión educativa y creadora de una institución cultural, y es que, hay que ser conscientes que el futuro de la cultura pasa necesariamente por la oferta publicitaria y por unos determinados patrones económicos que se establecen.

Así, se ha de diseñar planes culturales estratégicos con cierta mentalidad de empresa, aplicando técnicas de publicidad, de comunicación y de marketing que ayuden a una buena gestión y maximización de la utilización de los recursos, como una “industria museística”.

Sin lugar a dudas este enfoque puede provocar reacciones negativas, en cuanto se le compara por un lado, con el mercado de consumo y por otro lado, con la asimilación de la cultura al comercio y a sus prácticas mercantiles.

Pero debemos tener en cuenta que existe una relación directa entre el potencial de actividad cultural de una determinada región y su grado de desarrollo económico, porque la cultura en sí misma es una actividad económica que genera empleo, ingresos y que compra bienes y servicios, y además es un factor imprescindible para crear las condiciones necesarias que produzcan un desarrollo económico equilibrado y sostenible” 

7. La carencia de la utilización de nuevos medios.
En general, las instituciones culturales son todavía hoy reticentes a admitir los nuevos medios tecnológicos como soporte e instalación de una obra, y en consecuencia se sigue manteniendo el concepto de soporte tradicional. En el campo de la presentación e instalación de obras los distintos medios electrónicos y de comunicación ocupan un nuevo papel, ya no se expondran las mercancías y los objetos como un simple contenedor.Por lo que, la práctica cultural está siendo modificada por el efecto de la aplicación de nuevas tecnologías. 
Por ello, esta utilización de distintos recursos y medios audiovisuales implica por una parte, un replanteamiento de la presentación de las obras ante el público y por otra, la actitud del visitante frente al nuevo soporte. También debemos orientar la obra hacia la acción y no solo hacia la contemplación, así el público participa como observador en la selección  y como receptor activo de las obras.

Un ejemplo de ello es en el ambito del arte, donde la red es consustancial a la idea de “obra abierta”  produciendo la ruptura definitiva de la barrera entre el público y el artista, compartiendo los mismos temores y ambiciones. El público que percibe la obra y la juzga mediante un sistema comunicativo inmaterial, mediante coordenadas culturales comunes, que dan cuenta de los cambios producidos en la sociedad contemporánea.

Conclusiones
Las instituciones culturales no pueden contentarse con la mera exposición de la obra, sino que ha de tener en cuenta también otros aspectos que hacen referencia al entorno, al modo expositivo, alimpacto social y político, sumado a unos determinados fines de tipo científico y cultural.

Por tanto, debe ser un espacio público donde libremente se puedan realizar propuestas y actividades, además de que el espectador se vea representado. Debe ser una institución dinámica, flexible y emprendedora, que experimente e innove, un puente entre tecnología y sociedad, ejerciendo una influencia en la vida pública y su desarrollo, en definitiva, el museo y las instituciones culturales como carácter canalizador de la cultura.
También no hay que desestimar las tecnologías de la comunicación y la información que han provocado otra visión de ver y entender el mundo, redefiniendo nuestras sociedades. La red permite la desconcentración, características de la globalización y un mundo virtual, del saber y de la información. Este es el medio y la herramienta, con un coste relativamente barato, que muchos proyectos culturales, políticos y sociales han encontrado para su desarrollo, más que la mera experimentación formalista o la simple readaptación de formatos. Por ello, este acercamiento a través de la red entre dichas instituciones y la sociedad debe ayudar a un mayor acceso y aumento del nivel cultural de las diversas capas sociales.

Actualmente, no se puede limitar a plantearse los grandes interrogantes del ser humano sin que haya una participación social, sino que además debe crear nuevos métodos de trabajo y colaborar con otros colectivos que hagan cambiar las reglas establecidas. Además de generar unos mecanismos que ayuden a asegurar su impacto a largo plazo, pasando sus propuestas más allá del público especifico y la propia institución.

Por tanto, no se puede eludir el curso de los acontecimientos ni manifestarse ajena a esta realidad. Estamos ante procesos de cambio estructural, de transformación fundamental y debemos preguntarnos cómo estos cambios modelan la acción social y la experiencia humana. http://www.arenotech.org.