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Conférence inaugurale du colloque
"La
société de la connaissance : de nouveaux espaces pour son
édification"
(INFO´2008), Congrès International de l'Information (INFO´2008),
La Havane, Cuba, avril 2008.
Organizado por :
El Instituto de Información Científica
y Tecnológica (IDICT)
Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de la República
de Cuba
La
ética de la economía del conocimiento emergente
Laura Garcia
Vitoria, Presidente d’ARENOTECH
Directora científica de la Fundación “Territorios
del Mañana”
y del programa «Territorios del Conocimiento»
Entre las múltiples mutaciones que vivimos hoy
en día, figuran las de los paradigmas y conceptos sobre los que
reposan un buen número de nuestras reflexiones, ver nuestras actitudes.
A menudo sin tomar conciencia, resemantizamos el mundo.
En efecto, la sociedad del conocimiento que está
emergiendo actualmente va a cambiar muchas de las miradas puestas sobre
nuestras vidas. La percepción ética es una de ellas, comenzando
por lo que somos los unos para los otros.
Leemos así de otra manera y con otras luces los textos que son
los grandes referentes de nuestra cultura. Todo el campo de la competencia
y de la excelencia no rima automáticamente con desigualdad, sino
todo lo contrario, a partir del momento en el que el saber – y su
estructuración en conocimientos- es accesibles del hecho mismo
notablemente de la práctica de una ética adecuada
Otro término asusta a nuestras esferas retóricas
y semánticas: el de la “emergencia”. He aquí
en efecto un término que hemos maltratado hasta utilizarlo a las
antípodas de lo que debe decirnos. Una tecnología o un uso
emergente, no releva en efecto en nada de una aparición súbita:
están al contrario fundamentalmente ligados a todo lo preexistente,
a todos los antecedentes, a nuestras raíces pues, a nuestras propias
identidades.
Por lo que se refiere a la economía del saber
propiamente dicha, ésta hace caducas nuestras viejas mecánicas
de refunfuños en la ignorancia. No se trata, señores, de
multiplicar las críticas fáciles, sino de aprender, de dominar
los conocimientos y sobretodo de compartirlos. La elaboración de
programas de ciudades y territorios del conocimiento y la escritura de
mapas territoriales del saber descubren claramente lo que serán
los retos y lo que está en juego en la programación del
futuro.
Una economía del saber percibida en sus primeros
albores, una emergencia de usos y de tecnologías comprendidas a
través de su herencia y su genealogía, nuevas percepciones
– ver estrategias – de una ética releída y revisitada
en la materia, eso es lo que forma el tríptico colocado en el corazón
de mi intervención en apertura del coloquio.
La presente intervención entiende presentarles
una respuesta al informe de la Unesco dedicado a la ética y a las
nuevas tecnologías (1). La primera frase de este informe justifica
en efecto la andadura que les propongo aquí: «es esencial
adherir a claras líneas directrices en materia de ética
para construir sociedades del conocimiento verdaderamente inclusivas».
Abdul Waheed Khan, subdirector general de comunicación
y de información de la organización – a quien debemos
esta afirmación – añade en seguida: «Los que
deciden, los conceptores de la comunidad científica y los utilizadores
se encuentran frente una difícil responsabilidad tratándose
de la evolución de la tecnología y de su impacto sobre la
orientación futura de las sociedades del saber».
Su primer aporte es en efecto a menudo olvidado, a saber
las modalidades de interacción fundamentalmente nuevas - cognitivas
notablemente, claro está, pero no solamente - entre los individuos.
Lo que llamamos así «infoética» constituye pues
claramente uno de los desafíos mayores de la sociedad del conocimiento
del mañana. Pero las cosas no son tan sencillas…
Si nadie duda que tal formulación no aparece fundamentalmente consensual,
rápidamente van a aparecer en los escritos recientes sobre el tema
mascaradas, artificios poco agradables.
Uno de los mejores ejemplos reside en la cantidad de
absurdos vehiculados a este respecto por el concepto de identidad digital
que reivindica a menudo primero un deseo de anonimato de los utilizadores
de la red. Esta es probablemente la gran estafa o timo intelectual de
la presencia de cada uno de entre nosotros sobre la red en la que lo esencial
de los servicios –todos lo sabemos- reposa sobre las interacciones
entre los mundos reales y virtuales. En efecto, Como desarrollar servicios
diariamente- sobre todo en situación de movilidad - pretendiendo
camuflar los actos y los propósitos de los actores sobre internet
que somos todos! La infoética aparecerá en efecto como una
manera de ocultar verdades… ¿Debemos a partir de ese momento
tender a comportamientos éticos?
Así mismo, cómo pretender hablar de compartir saberes y
conocimientos si no hacemos más que reclamar los tan dichosos derechos
de la propiedad intelectual que datan ahora ya del siglo XVIII y que las
redes han trasformado en algo completamente obsoleto: ¡ahí
de golpe, los mismos que reclaman ese anonimato, ¡en este punto
ya no lo reivindican!
Nuestra identidad digital del mañana, debemos
pensarla al contrario abierta a lo que decimos, a lo que hacemos, a lo
que pensamos, a lo que escribimos, esperando precisamente conferir un
complemento de vida a nuestras convicciones poniéndolo a disposición
de todos. ¿Qué enriquecimiento personal obtendremos si en
los saberes que colgamos en línea nos ponemos a edificar murallas
alrededor de nuestros ecosistemas de pensamiento? ¡La única
consecuencia será claramente la de contribuir ampliamente –más
allá de las fracturas digitales- a una verdadera desmultiplicación
de las fracturas cognitivas!
Sobre todos esos temas, será necesario – tal vez comencemos
este trabajo en el marco de este mismo coloquio – completamente
reescribir, repensar, conferir otra lógica a esas contradicciones
que escuchamos todos alrededor nuestro, solamente entonces podremos osar
hablar de ética…
El estudio de la Unesco aborda cierto número de
campos etnológicos, nos cantonaremos aquí a seguir la evocación
de algunos de ellos.
Lo que se dice sobre la web semántica se revela eminentemente emblemático.
Cada uno de ustedes sabe en efecto que para que la web sea enteramente
navegable, es necesario los metadatos – datos sobre los datos -
interoperables para hacer más visibles los contenidos en la red
y permitir a los terminales de transformarse en otros tantos agentes inteligentes
y permitir la identificación, la localización y la utilización
de contenidos existentes. Nuestros falsos sacerdotes de la ética
están al acecho y éste es el resultado: “las etiquetas
lisibles por la máquina del web semántico podrían
discriminar contenidos”. ¡Hacia tiempo que la palabra no había
sido pronunciada!
Mejor todavía: «¡dando a los usuarios la capacidad
de no acceder más que a los contenidos que deseen, el web semántico
podría ser perjudicial al discurso público!». Los
fanfarrones de la libertad en todo tienen miedo precisamente que cada
cual pueda recibir sólo los contenidos que desea elegir en toda
libertad… Dejándoles marginalizados en sus fantasmas retóricos,
escuchémosles todavía un poco: «la completa participación
a la sociedad EXIGE un fórum en el que una persona pueda hacer
entender su voz (la suya claro), pero la web semántica y otras
tecnologías permiten a los demás usuarios customizar enteramente
sus experiencias y sólo recibir los contenidos que piden explícitamente».
¿Evitar que cada uno pueda elegir libremente sus
contenidos, será pues eso la práctica de la ética…:?
“la web semántica permite al utilizador final aislarse y
destruir así directamente el fórum… el salvamiento
de los derechos humanos puede OBLIGAR a programar los ordenadores para
que sitúen los datos personales sobre un plan más elevado”
chic, ¿Cuál y hasta dónde?
La misma preocupación, una vez más –
casi inquietante –, del anonimato que caracteriza la evocación
de las cuestiones éticas en lo que se refiere a la radio-identificación
y la radio-etiqueta que permiten trasmitir los datos suplementarios sobre
un objeto determinado y así pues su trazabilidad. Pero he aquí
que: para algunos, la práctica de ciertos centros de comercio al
detalle consiste a obligar a sus empleados a llevar radio-etiquetas que
podrían atacar a la dignidad humana…!
Hemos comprendido pues: según algunos, el anonimato
y el secreto serían pues escandalosamente colocados en el corazón
de la ética. Todo ello claro está, mientras la economía
digital nos enseña a constatar algo bien diferente, a saber la
cultura casi obsesional de la no transparencia, y esto con dos consecuencias
de mayor importancia: la primera es que se nos esconde los nombres de
los interlocutores potenciales y todo medio de tener acceso a él,
dejando notablemente las cuestiones como el descontento, la incompetencia
sobre los centros de llamadas por ejemplo o ciertos proveedores de acceso,
que son hoy en día la antítesis absoluta de la sociedad
del conocimiento. La segunda más genérica reside en el antagonismo
mismo entre esta falta de trasparencia y los mecanismos de innovación,
como lo han mostrado notablemente los análisis escandinavos.
Por lo que se refiere a los captores donde el elemento
detector interacciona con el entorno y genera una repuesta, mientras que
el transductor convierte luego esta respuesta en un elemento cuantificable
que es posible interpretar, el estudio de la UNESCO muestra cuánto
el servicio proporcionado y los datos colectados pueden dar materia a
preocupación en términos de ética: por ejemplo, «captores
de tipo de los que sirven a vigilar un incendio en el bosque podrían
ser empleados furtivamente del otro lado de un muro para intentar determinar
las actividades de una persona según el calor que despide…
Incluso si los datos obtenidos con fines ostensiblemente buenos pueden
revelarse nefastos si son utilizados de una manera que afecta los derechos
humanos. Ello sería el caso por ejemplo si los captores fueran
utilizados para detectar la presencia de enfermedades infecciosas, y si
los datos sirvieran para establecer una zona de cuarentena creando así
,dice, una discriminación contra un grupo de población a
causa de su cuerpo».
Será pues necesario examinar a la luz de los objetivos
de la infoética lo que será esencial de nuestros entornos
del mañana y los servicios que le serán afectados. Las informaciones
que una persona considere tradicionalmente como formando parte de su campo
privado pueden desde ahora ser observados por captores, tal vez sin que
ella tenga ninguna idea de su existencia o de su presencia. Los captores
plantearían pues cuestiones de infoética en lo que se refiere
al campo público y el acceso a la información: «Hay
ambigüedades referentes al hecho de compartir las buenaventuras que
proporcionan los datos de los captores - precisamente, la cuestión
es de saber si existen derechos exclusivos sobre los datos de los captores
relativos a los espacios públicos, o saber si todos los datos pertenecen
al dominio público y están a la disposición de todos».
Estos ejemplos muestran las exageraciones a las que podemos llegar, incluso
si sobre en esta cuestión aparecen en efecto comprensibles.
Todo ello muestra bien que es menos evidente, no obstante, en lo que se
refiere a la Web geoespacial y los servicios geolocalizados sobre los
que nosotros trabajamos particularmente. La relación recuerda fuertemente
y oportunamente el marco de utilización (2). Curiosamente, mientras
que cada uno puede imaginar los posibles miedos que podría proceder
de una localización demasiado fácil de individuos –
imaginamos el argumento, «la localización puede pues llegar
a ser una discriminación dado que este conocimiento podría
conducir a perseguir insistentemente los interesados» -, mientras
que en realidad resulta ser todo lo contrario como lo demuestran los análisis
estudiados: así, permitiendo por ejemplo a una persona identificarse
y ser localizada fácilmente de otras personas que pertenezcan a
su red social, estos servicios ofrecerían crecientes posibilidades
de interacción social… y ayudarían así a una
persona a ejercer su derecho de asociación!
Mas allá, siempre nos encontramos con los mismos
temores, a través sobretodo de una cuestión: «¿quién
debería tener conocimiento del lugar dónde se encuentra
una persona? Aquí de nuevo, podría ser necesario programar
las máquinas con el fin de que traten los datos personales con
el máximo de precaución». Aquí de nuevo, el
informe evoca un potencial «coste elevado sobre el plan ético».
En lo que se refiere las redes malladas, sabemos que su funcionamiento
reposa sobre el hecho de que los aparatos detectan su presencia mutua
y negocian los unos con los otros la puesta a punto de una red para trasmitir
las comunicaciones.
Sin embargo, reduciendo la necesidad de recurrir a los proveedores de
servicios internet en la conectividad local, estas redes malladas pueden
concentrar el poder entre las manos de los proveedores de servicios Internet
que proveen los nudos relativamente poco numerosos que conectan a Internet
y los proveedores cada vez más están en medida de filtrar
los contenidos y de explotar la situación para servir sus propios
intereses. Un posible temor, porqué no, ¿pero es verdaderamente
eso lo esencial de la infoética?
En cuanto a la informática en rejilla – la puesta en común
pues del potencial de cálculo de los ordenadores, podría
ser, ella también a los ojos de algunos, objeto de vigilancia a
gran escala; y amenazaría la vida privada y otras libertades.
Palabras utilizadas de manera bien curiosa, ver como concepto maltratado
o incluso como objeto de engaño argumentaría, la ética
es hoy en día una nueva frontera, nuestra nueva frontera. Su fuerza,
no somos conscientes, reside en que nos lleva a revisitar nuestros ecosistemas
personales y nuestros horizontes de pensamiento. Las tecnologías
de la información y del conocimiento nos acompañan en efecto
hoy en día en una profunda relectura del tiempo y del espacio,
con todas las exigencias de rigor ético que ello supone: un justo
equilibrio entre el espacio virtual y el real, una honestidad sin falla,
sobretodo, en relación tanto a nuestro pasado y a nuestra identidad
como en la relación a la del otro.
Es con este recuerdo de exigencia, que debemos tener
presente en nuestra mente en nuestras acciones cotidianas, que me siento
honrada de contribuir a la apertura de este coloquio dedicado a la construcción
de una sociedad del conocimiento.
Notas:
1 Tomamos en cuenta la versión francesa de este
informe que está fechado en 2007.
2 «Cuando los captores miden el mundo real y lo convierten en datos
que pueden ser leídos por las maquinas, la web geoespacial inversa
este proceso, sirviéndose de datos digitales para aplicarlos a
los lugares del mundo real. Fusionando los datos de diversas fuentes,
las aplicaciones de la web geoespacial pueden por ejemplo mostrar la carta
de un restaurante de una ciudad, con las informaciones necesarias para
contactarlas y conocer además las opiniones emitidas por las críticas
gastronómicas. Un servicio geolocalizado (LBS) va más lejos
todavía de este concepto. En lugar de proporcionar las informaciones
sobre un lugar geográfico requerido, un LBS determina automáticamente
el lugar donde se encuentra el usuario y proporciona informaciones sobre
la base de este dato. Para extender la aplicación descrita, el
usuario geolocalizado puede ser informado sobre todos los restaurantes
situados a una distancia dada del sitio donde se encuentra, así
como del trayecto que debe seguir para ir allí».
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