Con los Sims, las personas construyen dobles vidas, crean familias, interactúan, asumen trabajos y cuidan a sus hijos como en la vida real. En ese hogar construido por el odenador se puede elegir tener un hijo, un perro, una casa, una profesión... En los Sims se puede destruir a sus personajes o crearlos. 165.108 personas han fundado familias paralelas en la página The Sims, en Internet, en una versión abierta a todos. El jugador puede montar sofás, bibliotecas, computadores, espejos, piscinas, llevar los niños al colegio, convertir a sus personajes en lo que deseen....

Existen otros juegos en los que se actúa como Dios (Blanco y negro) o como dictador (El trópico), pero los Sims imitan la vida real en un mundo de jóvenes aislados de la realidad. Aqui la gente, antes de jugar, escoge la ciudad en la que quiere vivir y se queda allí para siempre. Luego diseña cada locación, desde bares hasta parques, y da rienda suelta a sus instintos para convertirse en alguien diferente. En este juego se habla con globos, como en las tiras cómicas, y se puede conocer a las personas detrás de los personajes.

Es tal el éxito de este juego que en marzo 2005 los Sims lanzan una versión en la que entran a la universidad y estudian. Ya hay una serie de televisión en proyecto en la que se pretende que la gente controle una familia y que jugadores del mundo participen en el programa, es el juego más vendido de todos los tiempos porque nunca termina de jugarse. No hay normas, todo lo puedes controlar y todo lo puedes cambiar.

Los Sims nos proporcionan un nuevo concepto: la simulación social, el poder de controlar la vida de las personas. Puedes crear una familia a tu gusto.

Todo tipo de juegos nos permiten relacionarrnos, aprender reglas, socializar y proyectar frustraciones e ideales. Se aprende responsabilidades y permite visualizar lo que uno es o la familia ideal que uno quiere, pero puede crear una adicción a una familia que no existe, las de carne y hueso interactúan, estas no.

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